Del nombre y
significado del lugar.
Lo más
difícil fue encontrar dónde dormir, y lo imposible fue dar con alguna tienda para
conseguir víveres, pues en esta comunidad no existe algo semejante. Hacia el
final del día fue cuando me enteré que el lugar se llama Edén, que en idioma
nativo significa “delicia”. A veces se le suele referir como “jardín” y otras como
“huerto”. En realidad funciona en ambas facetas, pues, en efecto, hay un área interna de pastos y árboles, y otra área externa donde se comienzan a realizar cultivos.
Ausencias notables
Realizar
observación en esta comunidad es algo muy semejante a lo que se lee en las
viejas etnografías, definitivamente no hay Estado, ni existe infraestructura
burocrática. Mi esperanza era, entonces, encontrar sistemas clánicos con los
cuáles descubrir operativos lógicos totémicos que me permitieran realizar
trazos de parentesco. También esto fue solo un sueño vano. Hablando de su ecología, ¡no llueve!
Ecología y relieve
De pronto
creí que mi observación se restringiría a meros aspectos ecológicos, pues lo
que sí abunda es una fértil vegetación, y cuatro caudalosos ríos, que se derivan de una sola fuente, es decir un Delta. El clima es excepcional que exige despojarse de cualquier prenda. Hay, en el ambiente,
como un humo o vapor que purifica constantemente este jardín. Vino a mi mente,
entonces, aquella escena en la que Godelier narra cómo, tras regresar de la
choza de las mujeres de los baruya de Nueva Guinea, es detenido por un anciano
y le obliga a despojarse de su ropa y recibir la purificación de un sahumerio.
Los ríos se llaman y se identifican como:
Pisón, que se dirige a la tierra de Havila. En información archivística se encontró que esta zona suele pensarse que se refiere a Arabia, al sur.
Gihón: Que se dirige a la tierra de Cus, la cual hace referencia a Etiopia, al surponiente.
Hidekel: Identidicado como el río Tigris que corre del Golfo Pérsico a la zona de Asiria.
Eufrates: El único identificado por su nombre actual, junto con el Tigris forman la zona de Mesopotamia, en cuyo origen me encuentro.
Estoy en
algún punto de una zona montañosa, como se adivina por los ríos nacientes,
calculo la altitud en cerca de 800 metros sobre el nivel del mar. Aunque por la
vegetación abunda el verde, lo cierto es que también se nota un deslumbrante
color rojizo, que es el color de la tierra de esta zona. El relieve es
sorprendemente homogéneo para tratarse de una montaña. Hay que decir algo sobre
el cielo. Como constantemente se encuentra subiendo un vapor de agua, existe
una concentración gaseosa en la superficie de la zona que crea una especie de
domo. Pese a ello, si uno mira con atención el cielo, este carece por completo
de nubes, como si el vapor tuviera como techo la parte inmediatamente superior
al Edén. Si en algún lugar se puede
imaginar un sistema ecológico que no disipe la energía, es decir, que contenga
eficientemente la entropía, es aquí.
Pensando en
esto fue cuando recordé que Richard N. Adams había referido este lugar como el
primer territorio surgido en el octavo día. Incluso puedo decir que, en mi
respiración, las emisiones de dióxido de carbono ¡eran nulas!, y aunque comí y bebí opíparamente no he tenido necesidad de
ir al baño, siento un vigor como si todo lo que ingiriera fuera sintetizado y
aprovechado al momento.
Mis escasos
conocimientos en botánica me impiden reportar puntualmente la gran diversidad
en la vegetación del lugar, solo puedo decir que abundan flores de vivos
colores, árboles enormes con abundante y deslumbrante follaje. Viendo los
árboles es como uno se da cuenta que en la parte central del jardín se
encuentra un enorme árbol, no se sea roble o qué, pero es enorme y magnífico. Adelanto
que los nativos se refieren a él como el “Árbol de la vida”. Por cierto,
también hay otro árbol, este resulta sumamente encantador y atractivo, tiene el
rimbombante nombre de “Arbol de la ciencia del bien y del mal". Este árbol esta
tabuado para los pobladores de la comunidad so pena de muerte.
Fauna
Hay
diversos animales que pueden dividirse en: aves, mamíferos y reptiles. Al
momento no he visto peces en los ríos. En el momento de la observación fue
cuando se generaron los nombres de los animales que habitan en esta zona. Algo a destacar es que no existe fauna carnívora, y pueden apreciarse osos, leones y
lobos ¡comiendo pasto! Es pues una fauna bastante amigable, sin el estrés de
los animales de zoológico o circo, o las mascotas encerradas en casas.
Lengua
Sin duda es
aglutinante, ¡muy aglutinante! El vocabulario es corto en sustantivos y no
parece existir una clara diferencia en los tiempos verbales. Pero es una lengua
muy plástica que se presta a fusiones y nuevas creaciones de vocablos. En el
tiempo en que he estado aquí se han inventado cientos de nombres para nombrar
animales, aves y reptiles. Pese a estas características, presenta encantadoras
cacofonías, se oye como estruendo de aguas, tan abundante que a ratos tiene
sesgos indoeuropeos, y otros germánicos, en ciertos momentos uno adivina latín
y hasta acentos romances y anglosajones.
Religión
No bien
comenzaba a percatarme de las características de este territorio cuando un
estruendo en uno de los ríos llamó mi atención. Al acercarme comprendí que me
encontraba en medio de un ritual religioso. Quizá algo en el aire funciona como
psicotrópico o acrecentador de la conciencia. No son raros, entre nosotros los
antropólogos, descripciones excepcionales de la acción de los espíritus, viajes
trascendentales, cosas de las que no se necesita ser Carlos Castaneda para que
se registren estrictamente en un Diario de Campo. Debo reconocer
que desconozco si hay artificio alguno en el ritual que estoy a punto de
describir, quizá con el tiempo logre, como Evans-Pritchard entre los azande,
descubrir las sutilezas y trucos que operan los nativos, pero de momento
describo como lo percibí, ya luego someteré está narración a un modelo
analítico adecuado.
Un ritual antropogenético
Lo que
identifico como un ser de rasgos humanos, bóvidos, falconiformes y félidos,
comienza a jugar con una masa que ha preparado con tierra y agua hasta darle
una forma humanoide, era como un modelo en tamaño real de una persona, hecho con
un rojizo barro que se confunde con el resto del paisaje donde predomina la
tierra. Los detalles son perfectos, hasta en las falanges. Vinieron a mi mente
los hombres de barro narrados en “El Popol Wuh”. A continuación, este ser
sagrado, que pronto reconocí como la deidad local, soplo un viento muy fuerte
sobre la masa de tierra y agua. En ese momento, ¡la figura de barro comenzó a
vivir!
(NOTA: Debo
revisar los trabajos de Levi-Strauss y etnografías sobre artesanías de barro
para ver si hay algún dato de barro soplado sin necesidad de fuego).
Con este
sintagma trinómico (tierra, agua, aire) dio comienzo la población de esta
localidad (OTRA NOTA: ¿qué simbolismo puede tener el fuego en este cosmos que
no lo ocupa, según entiendo, para dar origen a la vida humana?, ¿qué relación
hay entre la ausencia del fuego y la preservación de la energía?)
El hombre
de barro vivificado por el soplo divino no tiene nombre, según consta en información documental, se le llama solo “Adám”,
esta palabra suena parecida a la que se ocupa para hablar de la tierra “adamá”
y del color rojo “edom”. Cabe señalar que aunque de los registros secundarios así se pueden transliterar estas palabras, no es precisamente como suenan aquí. Si hubiera alguna traducción para “Adam” seriá “terroso”
o “rojizo”. Pero no parece ser un nombre personal, sino un mero adjetivo que
por el uso se sustantiviza. Es como cuando hablamos de “los acarreados” para
referirnos a personas a las que se les entregan dádivas para ir a una
manifestación. “Acarreado” es un adjetivo, pero se sustantiviza al usarse para
conceputalizar a determinado tipo de personas. En este caso, a los pobladores
de esta zona les llamaríamos “los adames”, pero para facilitar la fonética, digamos "los adanes".
Con estas
observaciones se concluye que la religión de esta comunidad es una especie
de animismo o relación con espíritus divinos (que no se debe confundir con
animatismo: creencia en espiritus que poseen objetos). Lamento que al usar este
término se tenga un sesgo piscologizante que Edward Tylor colocó a esta palabra: el
alma como un alter ego, generalmente concebida en los sueños. Con animismo
quiero decir solo una relación con un ser espiritual. Por cierto, "religón", no deriva de "religar", eso fue un invento de Lactancio en el siglo IV d.C.
En términos
estrictos la religión comenzó al tabuar
el árbol de la ciencia del bien y del mal, si tomamos la palabra en su
etimología “re”, volver y “legere”, leer o volver a leer: repetir las normas,
según decía Cicerón. Los adanes que habiten este territorio deberán tomar esto
como el origen de su culto. No cuento
con los instrumentos de grabación pertinentes para registrar el nombre del
dios, y me costaría mucho trabajo intentar transliterarlo, pues no cuento con
las grafías adecuadas para indicar los acentos y fonemas con los que se compone
este nombre.
Población
Inmediatamente
tras la formación del primer adán, este buscó, según Maslow y el materialismo
cultural tipo Marvin Harris, la forma en la cual satisfacer su necesidad
primaria de reproducción y satisfacción sexual. El adán, como es común ver en
granjas rurales, intentó copular con diversos animales pero, evidentemente
ninguno de ellos fue preñado ni encontró satisfacción alguna en ello. Entonces,
la divinidad provoca un sopor en el adán y de su costado obtiene lo necesario
para formar a una mujer. La escena vista es como si el adán, sedado, hubiera
parido, por cesárea, al ser femenino.
Señalo que tanto el adán masculino como el femenino ¡brillan!, algo así como los
peces abisales, aunque dudo que el brillo de estos adanes se deba a bacterias
que viven en su interior, como ocurre con los monstruosos peces del fondo del
mar.
Relaciones de género
Se recuerda
en estos momentos el simbolismo de la preñez y el parto de las mujeres. Según
antropólogas como Michell Rosaldo o Françoise Héritier, el poder de fecundidad
es una de las causas de que los hombres deseen dominar a las mujeres. Bueno,
aquí ¡se ha logrado plenamente! En este jardín veo dos posibles escenarios: un
recrudecimiento patriarcal por ese “privilegio” de que el hombre haya parido a
la primera mujer o bien, que los hombres compartan a gusto la procreación en un
clima equitativo.
Se encuentra atardeciendo, y se percibe que pronto estará de nuevo la presencia de la divinidad paseando por aquí. Termino esta entrada indicando que, tras mucho titubear, decidí comer de los frutos de la zona (¡sin tocar el árbol prohibido! pues un antropólogo debe atenerse, en lo posible, a las costumbres locales), y dormir bajo un árbol. Confieso que fue algo difícil al principio, pues uno está preparado hasta para dormir entre piedras, pero ¿desnudo y rodeado de animales que uno considera salvajes?.



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