miércoles, 14 de mayo de 2014

La Biblia y la etnografía

Un mundo nuevo y extraño 

Karl Barth, en su afán por mostrar la radical otredad de la Revelación de Dios, consideraba que el texto bíblico es un mundo distante al que se debe acceder no como erudito que lo explica, sino con los nervios y expectativas de un viajero que pisa por primera vez un nuevo territorio. Dice, en su ensayo "The Strange new World within the Bible": 

Estamos con Abraham en Harán. Escuchamos el llamado que nos ordena: "Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré." (...) Estamos con Moisés en el desierto. Por cuarenta años viviendo entre ovejas haciendo penitencia por un acto abrumador. ¿Qué cambios han ocurrido en él?, no se nos dice, parece no ser de nuestra incumbencia, más de pronto llega a él la siguiente orden: "¡Moisés!, ¡Moisés! - una gran orden: Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel."
No se llega al texto bíblico como teólogo experto en hermenéutica, sino como extranjero anonadado por haber sido desanclado de su comunidad de seguridad y estar relocalizado en un nuevo mundo. Las ordenes con las que Dios instruye a Abraham a Moisés, y a cualquiera que se aventura a las páginas bíblicas, es semejante a la perplejidad con la  que Bronislaw Malinowski describe, en su opus magnum "Los argonautas del pacífico occidental", el ingreso al campo etnográfico:

Imagínese sólo en una playa tropical cercana a un poblado indígena, mientras ve alejarse hasta desparecer la lancha que le ha llevado hasta allí (...) Imagínese luego haciendo su primera entrada en una aldea, solo o acompañado de un cicerone blanco. Algunos indígenas se agrupan a su alrededor, sobre todo si huele a tabaco. Otros, los más dignos y de mayor edad, permanecen sentados en sus sitios. Su compañero blanco tiene su propia forma rutinaria de tratar a los indígenas y no entiende nada, ni le importa mucho la manera en que uno, como etnógrafo, se les aproximaría.
Acá se detecta a un viejo conocido, ese "compañero blanco" que, como teólogo, tiene "su propia forma rutinaria de trabajo", que no necesita preguntarle a los indígenas nada sobre el territorio bíblico pues él cree conocerlo, o bien, poder modificarlo a gusto en caso de que su creencia se vea contrariada. Este blog quiere dejar de lado a ese teólogo burocrático que, en sus seguridades, menosprecia el nuevo mundo que habita, y en su luar encarnarse en aquel confundido etnógrafo que, no le importa vérselas más difícil con tal de conocer mejor.

Nos presentamos, entonces, solos, vemos alejarse, en una lancha, a la teología sistemática, a los comentarios bíblicos, a los presupuestos dogmáticos que rigen la rutina exegética, quedándonos solo con su recuerdo ocasional. Aún más, puestos en crisis por el mandato divino, dejamos  la creencia de nuestra tierra y nuestra parentela para presentarnos en un territorio en el cual solo somos extranjeros sin certidumbres. 

Este mundo bíblico ante nuestros ojos no es el artificial y purificado universo de escuela dominical y sermones piadosos, en donde las carreteras ya están trazadas y la administración teológica es capaz de resolver cualquier contingencia o anomalía, atar los cabos y dar soluciones absolutas. En vez de eso, se trata de un territorio agreste, siniestro, desconocido, que sacude nuestras certezas y desmorona nuestras soluciones cada vez que pensamos tener una.

¿Por qué etnografíar la Biblia? 

La etnografía es el arte y la técnica de reconocer al Otro en sus propias circunstancias, es decir de comprehender la otredad o alteridad. Dicho en otras palabras, la etnografía es la disciplina que nos ayuda a entender sistemáticamente que las demás personas no son como yo, que las otras sociedades o grupos tienen una cultura distinta a la mía, que mis valores no son los mejores, que mis creencias no son más racionales que las creencias de los demás.

No se trata de caer en la inocencia ilustrada de la tabula rasa, pensando que podemos deshacernos de nuestros prejuicios. Ya Rudolf Bultmann, siguiendo a Heidegger, recalcó el hecho de que la precomprensión es un elemento no solo inevitable, sino también necesario en la empresa hermenéutica de la Biblia. Se trata, como es harto sabido, de echar a andar el círculo hermenéutico propuesto por Gadamer: una serie de ciclos dialógicos que comienzan por desmantelar la precomprensión del intérprete hasta colocarlo, cada vez, en una mejor posición para comprender el mensaje. Clifford Geertz, fue quien introdujo el método hermenéutico en etnografía, y Renato Rosaldo lo explica sintéticamente:

Según la metodología de la hermenéutica, en el procedimiento interpretativo de rutina, uno puede decir que los etnógrafos se reubican en tanto van comprendiendo otras culturas. Los etnógrafos comienzan la investigación. Con un grupo de preguntas, las revisan en el transcurso de la encuesta y al final resultan con preguntas diferentes a las primeras. En otras palabras, la sorpresa que provoca la respuesta a una pregunta nos obliga a enmendar esta última hasta que las sorpresas menores o respuestas muy breves nos indiquen un término.
Es precisamente, con esta etnografía hermenéutica que busco leer el texto bíblico. Desde este momento reconozco que tengo trasfondo pentecostal, con una conversion juvenil a la teología reformada. No es fácil mandar en una lancha este bagaje, pero, procediendo con una metodología rigurosa,  busco menguar la influencia de mi propio trasnfondo teológico, crear una distancia epistémica entre mi subjetividad y el terreno  de estudio usando instrumentos antropológicos, a fin de permitir el diálogo con los nativos: personajes, objetos y territorios bíblicos.

Este tipo de empresa no es nueva, los antropólogos han estado interesados en el texto bíblico desde el comienzo de la disciplina. Edward Burnett Taylor, miembro de una familia de cuáqueros y fundador de la antropología profesional, dedicó especial atención a la evolución de la religión, y al análisis de textos bíblicos, atendiendo al uso social de su contenido en diversas sociedades inglesas y estadunidenses. En su “Cultura Primitiva” de 1871 da cuenta del “campo” existente para el análisis religioso que será utilizado posteriormente por investigadores de historia comparada de las religiones y fenomenólgos de la religión como van der Leeuw y Mircea Eliade.

En el siglo XX, la antropología siempre tuvo un lugar especial para la Biblia. Destacan "El folklore en el Antiguo Testamento" de James Frazer, (1907) y un ensayo de Edmund Leach titulado "Genesis as Myth" (1962). Pero las palmas en lograr una convergencia sólida y propositiva entre las ciencias bíblicas y la teología, se las lleva Mary Douglas.

Ella realizó su trabajo de campo entre los lele de Angola, considerando que sus tabus dietarios se parecían a los de Levítico 11. Luego desarrolla  una fecunda carrera como antropóloga y consultora, que llega a su cristalización tras su inquietud  por "resarcirse de una vida no dedicada al estudio de la Biblia". Comienza a aprender hebreo y aplica su expertise antropológico en un proyecto cuyo objetivo era comentar antropológicamente todo el Pentateuco. Solo logrará un comentario al libro de Números, "In the Wilderness. The doctrine of Defilement in the book of numbers", y otro al libro de Levítico, "Leviticus as literature" (traducido al español por la editorial Gedisa como "El levítico como literatura. Una invetigación antropológica y literaria de los ritos en el Antiguo Testamento"). Además de estas dos obras, dejó un amplio bagje ensayístico y propuestas hermenéuticas que fueron debatidas por  teólogos y biblistas como Rolf Rendtorff y Jacob Milgrom.

Mary Douglas realizó lo que este blog se propone - guardando las distnacias: leer la Biblia como si se tratara de una comunidad social en la que un antropólogo debe realizar trabajo etnográfico. Por lo tanto, nos percatamos que no estamos completamente solos. En nuestra travesía por estas montañas, desiertos, ríos, fortalezas y templos, encontraremos la huella de muchos otros que ya han abonado el territorio, y de quienes aprovecharemos los recursos que han dejado. Llegado a este punto hay que decir que no se trata de mandar al diablo a los teólogos y quedarnos solo con los antropólogos en el análisis del texto bíblico, sino de eliminar aquellos dogmatismos (teológicos, antropológicos o de otro tipo) que acotan el terreno de estudio con un mapa predeterminado. 

¡Comienza el viaje!

1 comentario:

  1. Muy interesante la propuesta a la hora de entender el discurso bíblico, ya que a través de las preguntas al texto vamos salvando grandes distancia para llegar a una mejor comprensión del ethos de las diferentes generaciones en las diferentes épocas.

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